Lunes, 31 de Mayo del 2021 · Publicado a las 18:44

Educación en pandemia: de las salas de clases a la dura realidad de las aulas virtuales

Deserción, inasistencia, desconcentración, problemas de conectividad y un preocupante retroceso en el aprendizaje de los estudiantes, son los principales problemas que trajo consigo la enseñanza a distancia, producto del Covid-19.

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Escrito por Belén Soto

Son las siete de la mañana y no hay parafina para prender la estufa. Es fin de mes y queda un poco de pan de hace dos días, pero la mantequilla ya se acabó hace una semana. Clara levanta a sus dos hijos, de seis y ocho años, a quienes les dice que se abriguen bien para que no pasen frío mientras les prepara la leche.

Después de un año de no poder asistir a su escuela en un sector rural de Molina, debido a las constantes cuarentenas a causa de la pandemia por Covid-19, hoy solo el mayor de lo hermanos podrá conectarse a clases, ya que en la casa hay solo un celular con conexión a internet.

Es difícil concentrarse, el dispositivo móvil es muy pequeño para apreciar la presentación del docente y la frustración llega pronto, al no entender un ejercicio matemático o no poder realizar la H mayúscula. Llora, reposa sus brazos en la mesa mientras se refriega los ojos humedecidos por las lágrimas y lo vuelve a intentar, una y otra vez.

Esta realidad es parte de lo que viven miles de estudiantes y sus padres en Chile y el mundo. El coronavirus enfrentó a los sistemas educacionales del orbe a una situación sin precedentes, para la cual nadie estaba preparado. Esto ha evidenciado las dificultades de la educación a distancia y con ellas el retroceso en el aprendizaje, además de hacer más visible la brecha entre las clases sociales.

En el país, a contar del 16 de marzo de 2020, se decretó la suspensión de clases presenciales a nivel nacional, dando inicio a un periodo de enseñanza a distancia que se perpetúa hasta el día de hoy.

Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), durante el peak de contagios de abril del año pasado, 194 países cerraron sus establecimientos escolares afectando a más de 1.480 millones de estudiantes a nivel mundial. En América Latina, se proyectó que más de tres millones de niños están en peligro de abandonar la escuela.

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) también evidenció las consecuencias del virus en la población, sosteniendo que existe un retroceso en el aprendizaje de los alumnos.

La doctora y profesora Adjunta del Centro de Estudios Infantiles de la Facultad de Medicina de Yale, Nancy Close, señaló al respecto que “estoy observando un retroceso notable, superior a lo que suele considerarse adecuado en términos de desarrollo”.

La experta agregó que “estamos observando numerosos problemas de comportamiento. Hemos detectado que a los niños les entristece mucho no poder estar con sus amigos o sus maestros y reaccionan con emociones y comportamientos exagerados a los cambios que se están produciendo en las escuelas”.

En cuanto a la situación en el país, el Ministerio de Educación (Mineduc) junto al Banco Mundial elaboraron un estudio titulado “Impacto del Covid-19 en los resultados de aprendizaje y escolaridad en Chile”, el que arrojó que, tras la interrupción de clases presenciales, los estudiantes podrían perder, en promedio un 88% de los aprendizajes de un año. En este escenario, los alumnos de menores recursos podrían perder, en promedio, un 95% de lo aprendido.

Problemas en la casa

“La principal dificultad es la falta de concentración, como están en la casa es fácil que se desconcentre con lo más mínimo, ya sea con un poco de ruido o la televisión, y eso hace que sea más difícil el proceso de aprendizaje”, relató Natalia Ávila, madre de cuatro niños oriunda de Teno.

Sus hijos oscilan entre el jardín y el primer ciclo escolar. A las clases de ellos, se suman las suyas como estudiante de la carrera de derecho, por lo que debe enfrentar a diario el ajetreo de múltiples reuniones por zoom.

En Curicó, Nicole Salinas, madre de tres niñas, dos de ellas en primer ciclo, coincide en que uno de los problemas fundamentales es la falta de concentración en los alumnos. “Son seis horas de clases continuas con apenas 10 minutos de recreo cada dos horas. Mis hijas después de ese tiempo frente a una pantalla pierden la concentración, la motivación y se frustran”, relató.

Para la psicóloga, Romina Inostroza, es fundamental que los padres y apoderados les expliquen a sus hijos que la frustración es normal en el contexto de una pandemia, que trajo consigo formas de estudio a las que los alumnos no estaban acostumbrados.

Asimismo, es imprescindible “brindarles contención emocional, no solo a través de los psicólogos del establecimiento, sino también por parte de los docentes. La Política Nacional de Convivencia Escolar indica la importancia, sobre todo en este contexto, de trabajar el desarrollo del aprendizaje socioemocional no solamente para los estudiantes, también para la planta docente y para los apoderados”, explicó la experta.

En la misma línea, la académica del Departamento de Formación Inicial Escolar de la Universidad Católica del Maule, Lily Davidson Greve, señaló que “hoy frente a una crisis como la que estamos viviendo, los profesores estamos llamados a ser más creativos que nunca, pero no solo en las estrategias de enseñanza sino también como realizamos este trabajo de educar”.

La docente agregó que “extraño a otro agente que es el Estado, para promover de alguna manera que la familia tenga estas condiciones para poder apoyar a sus hijos”.

Además, Davidson sostuvo que “en cuanto al rol del profesor, este debe realizar un trabajo colaborativo con la familia, ya que el niño es el centro de este proceso y queremos que los menores avancen, se sientan cómodos y tranquilos en este nuevo contexto”.

Para Patricia Rojas, profesora de un colegio en la localidad de Pichingal, la mayor dificultad radica en no poder estar con los estudiantes reunidos en un lugar físico: “Antes, una ingresaba al aula y se conversaba, intercambiaban opiniones, se observaba directamente a los estudiantes. En cambio, ahora no puedo verlos a todos porque muchas veces ellos apagan las cámaras”.

El principal desafío de la educadora, quien se mantiene conectada con los padres y alumnos durante todo el día, es que el aprendizaje llegue de alguna forma a todos sus pupilos. “Asisto a los hogares a buscar o a dejar material. Además, uno se está comunicando todo el día con los apoderados y estudiantes, en cambio antes habían horarios de clases y de atención estipulados”, sostuvo.

Por su parte, Carolina González,  profesora de primer ciclo, señaló que uno de los principales obstáculos que existen en las clases a distancia es que “al estar trabajando con un curso pequeño debemos estar dependiendo de horarios y tiempo de los padres y/o apoderados, sobre todo de sus dispositivos electrónicos”.

“Además, las señales de internet son intermitentes, no se ven los niños en la cámara, no deja mostrar las presentaciones o videos, se corta la conexión a cada rato entonces los alumnos salen y vuelven a las clases, pierden información o no escuchan bien”, agregó la educadora.

La brecha digital y la desigualdad estructural que dejó en evidencia la pandemia es profunda. En América Latina, Chile es uno de los países más desarrollados en materia tecnológica, sin embargo, esto no fue suficiente frente a los diversos contextos estudiantiles que existen en el país desde kinder hasta el pregrado universitario.

La Encuesta Longitudinal de Empleo en Tiempo Real, realizada por el Centro UC de Encuestas y Estudios Longitudinales, expuso que no todos los estudiantes tenían clases on line.

El 84,3% de los alumnos de enseñanza básica y media del quintil superior (con mayores ingresos), recibieron clases por videoconferencia. Ese porcentaje disminuye a medida que cae el nivel socioeconómico. Así, en el cuarto quintil la cifra es de 72,4%, en el tercero baja a 70,4%, en el segundo 66,5% y en el primero (el más pobre), es de 60,6%.

En cuanto a los dispositivos utilizados para acceder a las clases, también existen brechas. En los hogares con menos recursos, el 29,4% de las y los estudiantes accedió a través de un computador propio y el 19,3% con un dispositivo compartido en el hogar. En cambio, esas mismas cifras en las casas con más recursos, el 61,4% accedió a través de un equipo propio, el 21,9% con un aparato compartido.

Las situaciones antes descritas no son las únicas problemáticas que enfrenta la educación en línea. Cuando los niños tienen hambre, sufren de violencia intrafamiliar, hacinamiento o abandono, la dificultad es mayor y el aprendizaje se relega al último lugar frente a otras situaciones.

Retroceso en el aprendizaje

“Un año después del inicio de la pandemia del coronavirus, el progreso ha retrocedido en prácticamente todos los indicadores importantes de la infancia”, señaló la directora ejecutiva de Unicef, Henrietta Fore.

Uno de los primeros indicios del retroceso académico se ha registrado en el aprendizaje de la lectura y escritura, debido a la falta de práctica, guía y apoyo de los docentes constantemente en las aulas presenciales.

“Cómo es un curso pequeño (1° básico) los alumnos han trabajado más videos o cápsulas educativas, entonces se nota este año el tema de la escritura, motricidad fina, de cómo los estudiantes toman el lápiz, cómo hacen y escriben cada una de las letras. Falta el apresto", señaló la profesora Carolina.

“A pesar de que se envía material para practicar eso, muchos apoderados trabajan y dejan a sus hijos a cargo de otras personas (cuidadoras, abuelas, etc) y no tienen el tiempo o disponibilidad de explicar, enseñar o corregir los errores de escritura en los niños, entonces llegan con sus tareas, pero no bien hechas”, agregó la docente.

Asimismo, Patricia indicó:“creo que sí habrá un retroceso en la educación, pero este solo se verá en el futuro ya que es difícil darse cuenta ahora de eso. En mi caso, los estudiantes se llevan sus guías al hogar y tienen dos semanas para trabajarlas, por lo tanto, no tengo la seguridad de si el material de estudio lo trabajan solos o con el apoyo de los padres, algún adulto o si buscan la información”.

Terremoto educativo

El miércoles 26 de mayo, el Ministerio de Educación, entregó los resultados del Diagnóstico Integral de Aprendizajes (DIA), elaborado por la Agencia de Calidad de la Educación. Dicho estudio midió los conocimientos alcanzados por escolares en 7 mil colegios y 1.8 millones de estudiantes del país.

A nivel académico, los estudiantes entre sexto básico y cuarto medio no alcanzaron el 60% de los contenidos necesarios en lenguaje y no superaron el 47% en matemática. En esa línea, en segundo medio los alumnos aprendieron solo un 27% de su materia.

En cuanto al nivel socioemocional, 70% de los niños, niñas y jóvenes dijo tener dificultades para expresar sus emociones; 9 de cada 10 jóvenes de 3° y 4° medio señalaron que el periodo en el que no asistieron al colegio “los afectó negativamente en su aprendizaje”.

Respecto a lo anterior, el ministro de Educación, Raúl Figueroa, afirmó que “tenemos un terremoto educativo y las réplicas pueden asumirse por mucho tiempo si no asumimos que debemos encontrar una visión única como país para esta realidad” y agregó: “En aquellas comunas que no están en cuarentena, las clases deben recuperarse a la brevedad”.

Deserción e inasistencia

“El año pasado, creía que lo mejor para mis hijos era que los sacara del colegio. No habían aprendido nada, nunca se podían conectar a las clases y teníamos problemas más grandes en la casa que poner atención a las clases, como que su papá encontrara trabajo, que nos alcanzara para comer, pagar la luz o comprar gas”, expresó Clara.

La prolongada suspensión de clases presenciales generó un profundo impacto en el sistema escolar, siendo una de las principales consecuencias la deserción de miles de niños, niñas y jóvenes que por diferentes motivos dejaron de asistir a las aulas.

Según datos entregados por el Mineduc, hasta el año pasado en Chile, se registraron más de 186 mil menores y jóvenes de entre 5 y 21 años que abandonaron el sistema educativo. A esta cifra, se le suman los 39.498 niños y niñas que no se matricularon en ningún establecimiento en 2021.

En la Región del Maule, 1.509 estudiantes abandonaron el sistema en el 2020, de los cuales 913 son hombres (60,5%) y 596 son mujeres (39,5%).

La deserción no es la única consecuencia que ha traído la pandemia y las clases virtuales. Otro fenómeno que se ha acrecentado es la inasistencia escolar.

“Hasta el momento, en mi curso, he observado inasistencia y demoras en la entrega del material de estudio, por lo que hay que estar llamando a los apoderados constantemente. Los estudiantes de enseñanza básica dependen de los padres para realizar sus guías, asistir a clases”, señaló Patricia, docente de primer ciclo.

VLN Radio concertó una entrevista con el Seremi de Educación, Carlos Azócar Cabello, para ahondar más en la realidad escolar de la región. Sin embargo, este no acudió a la cita. En reiteradas ocasiones, este medio se contactó con dicha Secretaría, sin obtener respuesta hasta la publicación de este reportaje.

En tanto, desde el Departamento de Educación Municipal de Curicó, se rehusaron a conceder una conversación sobre el tema. Si bien se solicitaron las cifras de deserción e inasistencia escolar en la comuna desde el inicio de la pandemia, el organismo se limitó a indicar que mantienen contacto con todos los alumnos de la red pública a través de la entrega de dispositivos electrónicos.

Desde la Unidad de Coordinación Técnica del Daem Curicó, Rodrigo Castro, afirmó por medio de un mensaje que contrario a lo que señala el Ministerio de Educación, en la comuna no existe deserción.

“El DAEM y cada uno de sus establecimientos han tenido como punto central el vínculo con el estudiante, académico y emocional. Hemos impulsado la plataforma Classroom, para la vinculación académica mediante clases en línea, entregamos tablets con material precargado en el caso de los estudiantes que no tienen conectividad, porque la empresas no llegan a los sectores donde residen, además de guías y material físico", sostuvo el funcionario.

Por último, Castro, añadió que "los recursos financieros que se reciben están destinados a este proceso (...) cuando hay vínculo entre la escuela y el estudiante, por supuesto que no hay deserción”.

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