Fotografía: Archivo
Publicado por: Sebastián Ormazábal
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  • Fue un sábado triste, lleno de impotencia y resignación. La colmada parroquia Nuestra Señora del Tránsito de Molina, no dio la capacidad para las cientos de personas que el 29 de agosto de 2015, quisieron despedir al pequeño Ángel Márquez Zapata, de sólo cuatro años.

     

    Un crimen que sin duda impactó a todo Chile, más que nada por la crudeza y frialdad de su homicida, Vanessa Trigari, quien a su vez, era madrastra del pequeño.

    Tras el responso, fue su padre, Freddy Márquez, quien junto a familiares cargaron el ataúd del menor, esto ante la tristeza de toda una comunidad que se congregó en masa con globos y pañuelos blancos para darle el último adiós. Luego, sus restos fueron trasladados hasta el cementerio número 2 de Rancagua, lugar donde se decidió darle sepultura por ser la ciudad donde reside Sandra Zapata, madre biológica de Ángel.

    Cabe señalar que a la misma hora que se producían estos hechos, Vanessa Trigari, de 28 años, era formalizada en el Tribunal de Garantía de Molina como autora del delito de homicidio calificado, esto tras conocerse los resultados de la autopsia que revelaron que el menor murió de asfixia por sofocación.

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    Finalmente, el Tribunal de Curicó sentenció a Trigari a presidio perpetuo simple bajo el delito de homicidio calificado, siendo la única formalizada por el crimen del menor de cuatro años.

    Al ser sentenciada a presidio perpetuo simple, la "madrasta", como pasó a ser conocida, sólo podrá optar a beneficios carcelarios tras cumplir 20 años efectivos en prisión.