Fotografía: Archivo
Publicado por: Sebastián Ormazábal
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  • En su encomiable labor por ayudar a los sectores más desposeídos, el filántropo francés, Juan Terrier Dailly, dejó un legado que en su mayoría se conoció tras su muerte, ocurrida hace exactamente 100 años, el 14 de agosto de 1919.

    Su historia está fuertemente relacionada con la del Dr. Alberto Osorio, que posteriormente se transformó en su albacea, dejando una importante herencia que aún puede ser admirada.

    Nacido en 1847 en Pierclos, Francia y luego de vivir un periodo de guerra, Terrier decide emprender su recorrido por el mundo, donde llega a Chile, específicamente a Valparaíso, lugar en cual se casa con Amalia Lucero, con la cual tiene a sus 3 hijos: Carlos, Juan y Robert.

    Tras el fallecimiento de su esposa y uno de estos, decide viajar a Curicó en 1896, donde nuevamente contrae nupcias, sin embargo, de aquel matrimonio no tiene hijos. Más tarde, quedaría sin herederos tras el fallecimiento sus dos primogénitos restantes.

    Tras su fallecimiento, Terrier en su testamento deja todo el remanente de sus bienes a la Escuela de Proletarios de Curicó (Posteriormente Liceo Politécnico “Juan Terrier”) y tres mil pesos a la segunda compañía de Bomberos de Curicó, nombrando como albacea y tenedor de sus bienes a su amigo y doctor, Alberto Osorio, destacado bombero y médico de la ciudad.

    Cabe señalar que el aporte a la Escuela de Proletarios, que consistió en ciento cuarenta mil pesos (de la época), tuvo como objetivo asegurar un porvenir de jóvenes para que adquieran el dominio de una actividad manual productiva y honradez con espíritu de trabajo. Dicho lugar, hoy lleva su nombre.