Fotografía: Archivo
Publicado por: Sebastián Ormazábal
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  • Son cerca de las 10:00 horas del 10 de julio de 1882, ya con las municiones agotadas, el cuartel en llamas y todo el batallón abatido, el joven subteniente de la 4ª compañía del Regimiento “Chacabuco”, Luis Cruz Martínez (15 años), resistía con fuerza las embestidas de los soldados peruanos en el Combate de La Concepción, durante la Campaña de la Sierra durante en la Guerra del Pacífico.

    El “Tachuela”, como era conocido por su baja estatura, fue el último de los 77 oficiales muertos en combate, que sable en mano, cuando los peruanos penetraron por el fondo del cuartel, salió a la plaza para luchar y morir de frente al enemigo.

    El historiador curicano, don Edmundo Márquez Bretón,  realizó en una de sus publicaciones una vibrante narración de los últimos minutos del combate, en la que, intentando adentrarse en la mente y el alma juvenil del subteniente Luis Cruz, resume así sus últimos pensamientos: “Después de una defensa heroica podía rendirse con honores militares. Volvería a su tierra junto a su abuela, reiniciaría los estudios en el Liceo. Después ingresaría a la Universidad, sería un profesional, un hombre de importancia”, señaló.

    Por eso, de nada sirvieron los gritos de sumisión lanzados por los atacantes, los que se perdieron en el fragor de la lucha: No hay rendición, los peruanos no saben que esta palabra no existe en el léxico de los soldados chilenos. Hasta una mujer intercede, se trata de una  joven peruana, con la cual el subteniente mantenía un idilio, pero la respuesta fue muy clara y así la destaca el historiador: “¡No me rindo...! ¡Un chileno muere pero no se rinde nunca! ¡Viva Chile! ¡Viva Curicó! ¡Viva el Chacabuco!”.

    Según consigna el Libro La Triada, “Los Subtenientes de La Concepción”; “El reloj se detuvo a las 10 de la mañana, el drama estaba a punto de concluir; se trata de un instante supremo, y hasta el hombre más valiente se anonada, especialmente estando en presencia de los despojos de sus camaradas; Luis Cruz Martínez, el adolescente idealista, el mejor estudiante del Liceo de Curicó, el niño que se hizo soldado, sable en mano arremetió contra la muralla de bayonetas y lanzas enemigas, para morir combatiendo. Su cuerpo lleno de heridas, completamente desnudo, quedó tendido en la plaza de La Concepción”, aseguró su escritor.

    Cabe señalar que una vez llegada las tropas chilenas del coronel Estanislao Del Canto, se hizo abrir una fosa en la nave central de la iglesia para sepultar los cuerpos mutilados de los soldados muertos en el combate. En tanto, el corazón de Luis Cruz Martínez fue rescatado para ser embalsamado, siendo llevado a la Catedral Metropolitana de Santiago, donde permanecen en una urna que recuerda a los protagonistas de la gesta.

    Fuentes: La Triada, “Los Subtenientes de La Concepción" /Wikipedia.