Fotografía: Archivo
Publicado por: Jean Muñoz
La información es de: Universidad San Sebastián
  • Texto académico cedido por la Universidad San Sebastián

    A sólo días de que se conmemore el día de la mujer, las tareas orientadas a la equidad entre ambos géneros persisten y parecen no tener solución. Porque de acuerdo a un estudio del Centro de Estudios Públicos (CEP), dado a conocer en el mes de octubre de 2018, se establece que la desigualdad salarial entre hombres y mujeres se ha mantenido, casi sin variaciones, en un 20% más para los varones en desmedro de las damas, desde el año 2006 a la fecha del estudio. En términos simples, y si aplicamos esta diferencia al sueldo promedio percibido en Chile ($550.000), se establece que la brecha entre hombres y mujeres estaría en torno a los $110.000.

    ¿Qué dice la OCDE?

    El informe Education at a Glance 2018, elaborado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), reveló que Chile tiene la más alta brecha salarial entre hombres y mujeres con estudios superiores. En efecto, el estudio señala que en 2015 las mujeres con el mencionado nivel de estudios ganaron un 65% de lo que obtuvieron los hombres con el mismo nivel educacional, ubicando al país como el último en la tabla, detrás de Brasil.

    El promedio de la diferencia de sueldos entre hombres y mujeres con educación superior entre todos los países que integran el listado se ubicó en 74%.

    ¿Qué opinan los expertos?

    Consultado por este fenómeno el director del Centro de Economía Aplicada de la Universidad San Sebastián (USS), Francisco Aravena, explicó que “principalmente existe una brecha histórica, en diferentes niveles profesionales y de ingreso. El problema de las brechas salariales es transversal a industrias y rangos educacionales también. Históricamente en Chile, en cuanto a participación laboral, el segmento de las mujeres es uno de los más bajos en la OCDE. Y esto puede responder, quizás, a dos motivos: por un lado, algún salario de reserva o la necesidad de cumplir otras funciones que han estado asociadas culturalmente a la mujer. Al tener salarios bajos, y pocas oportunidades laborales, el costo de oportunidad pasa a ser más alto y, por lo mismo, menos atractivo para que las mujeres accedan al mercado o fuerza laboral.”.

    El economista y académico de Ingeniería Comercial en la USS agregó también que “hay diversos sectores en los cuales podríamos poner mayor atención como, por ejemplo, el de las mujeres vulnerables y jefas de hogar (de los deciles más pobres de la población) las que podrían requerir mayor ayuda por parte del gobierno, donde el costo de oportunidad para que ingresen a la fuerza de trabajo no sea tan alto. Esto se puede paliar, por ejemplo, a través de un subsidio estatal, mayor apoyo por parte de la Junaeb, en fin. Es un camino largo y, como vemos, hay problemas más de fondo que sólo la brecha salarial. Años atrás la preocupación del mercado estaba centrada en la formación de capital humano, pero hoy no es tema porque el acceso a la educación superior es mucho más equitativo. Esto se traduce en que tanto hombres como mujeres hoy pueden acceder a igual educación y formación profesional, pero existe culturalmente esa brecha salarial de la cual, desde mi punto de vista, por ejemplo, el Estado podría hacerse cargo fomentando incentivos a la contratación, entre otros”.