Martes, 27 de Abril del 2021 · Publicado a las 19:15

Soledad y abandono: la realidad de la tercera edad en pandemia

El Covid-19 ha provocado un impacto en la población de edad más avanzada, obligándolos a someterse a extensos confinamientos, los que han afectado la salud física y mental de este grupo de personas.

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Escrito por Belén Soto

Es pasado medio día, hace frío y al golpear la puerta, abre la señora Angélica, una jubilada de 68 años. Pareciera que, dentro de su hogar, el mal tiempo no existiera, la calidez ahí dentro es reconfortante. De fondo una ranchera inunda el ambiente, mientras dispone en la mesa una tetera, tazas y un platito con galletas.

La Keka, como le dicen sus cercanos, es conocida en su círculo por siempre ayudar a todos quienes lo necesitan. Sin embargo, pese a su fortaleza y entereza, la pandemia también trajo repercusiones en su vida, como la soledad y el estar lejos de su hija justo en el momento que esta más la necesita, debido a una enfermedad recientemente diagnosticada.

Al igual que la mayoría de los adultos mayores del país, la pandemia también ha develado dificultades en las vidas de Luis y Samuel.

Luis, es un jubilado de 69 años, quien a causa del Coronavirus debió pasar seis meses aislado en su trabajo cuidando una parcela, lejos de su familia, para posteriormente, quedar solo viviendo de su pensión.

Antes de la crisis, realizaba trabajos de talabartería, lo que contribuía a complementar el deficiente retiro. Sin embargo, producto del Covid-19, también tuvo que dejar su oficio, ya que, no podía trasladarse a comprar materiales ni efectuar las entregas a distintos lugares del país.

Otro ejemplo es el de Samuel, pensionado de 76 años, quien debió dejar de trabajar en su ferretería familiar debido a la pandemia y su avanzada diabetes.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre los años 2000 y 2050 la población mayor de 60 años se habrá duplicado, siendo América Latina, una de las regiones que enfrente este proceso de forma más acelerada, junto con el aumento de las precarias condiciones, falta de políticas públicas para el cuidado de los adultos mayores y dificultades como la pobreza, soledad y aislamiento social.

La pandemia del Covid-19 ha provocado un impacto en la población de edad más avanzada, obligándolos a someterse a extensos confinamientos, los que han afectado la salud física y mental de este grupo de personas. Además, el obstáculo que existe para acceder a medios tecnológicos y con ello postular a beneficios estatales o permisos de desplazamiento.

La asistente social del Hospital Santa Rosa de Molina, Norka Rojas Tapia, señala que las mayores dificultades que ha observado en los adultos mayores en pandemia “tienen que ver con las prestaciones de salud. Sin embargo, también hay varias críticas desde la perspectiva de que esta crisis sanitaria ha develado todas las situaciones de vulnerabilidad y riesgo que vive la tercera edad”.

Agrega, “muchos adultos viven solos y han sufrido accidentes. El encierro también ha generado muchos problemas de salud mental y depresión en este segmento de la población”, explica la profesional.

Otro punto visible durante esta crisis, según revela la experta, es el alto porcentaje de adultos mayores hospitalizados en abandono, esperando por un cupo en un hogar de ancianos. Estos, por razones sanitarias, no están recibiendo a usuarios en estos momentos, lo que ha provocado que muchas de estas personas se enajenen, pierdan la conciencia y la orientación del espacio o tiempo, deprimiéndose; lo que puede agravar su estado de salud, llevándolos a la muerte.

El día a día desde hace un año

“Mi vida ha sido un poco triste porque nos hemos tenido que alejar de la familia debido a este virus, y también ha sido complicado estar lejos de todo, pero lamentablemente, tenemos que aguantarnos por el bien de nosotros, para no enfermarnos ni tampoco enfermar a los demás”, relata Angélica.

En cuanto a Luis, el proceso desde que llegó el virus a Chile en marzo del año pasado, también ha sido difícil. “Para mi fue complejo, porque yo trabajaba en Santiago antes de la pandemia, estaba cuidando una parcela y vivía solo. Por una parte, me fue más fácil pasar la cuarentena ahí, estuve seis meses, pero el problema era que no podía viajar a ver a mi familia, y debido a los permisos, mi señora tampoco me podía ir a ver”, explica.

Tecnología y digitalización como enemigo

El Covid-19 y sus consecuencias han dejado en evidencia la enorme brecha generacional. La pandemia ha obligado a los adultos mayores a mantener un confinamiento más estricto que el resto de la población y, en muchos casos, sin posibilidades de mantener una conexión virtual con sus seres queridos, acceder a trámites o beneficios, pagar cuentas o realizar compras a través de internet.

Asimismo, el proceso para acceder a los permisos de desplazamientos se ve dificultado debido a la estructura que tiene la plataforma de la Comisaría Virtual. Esta interfaz no fue creada con un diseño de usuario apta para todos los rangos etarios, por lo que la mayoría de las personas sobre 60 años deben recurrir directamente a un establecimiento policial o bien, solicitarle a algún pariente o conocido que realice el trámite por ellos.

“La principal dificultad son los permisos, soy vieja y no utilizo la tecnología, por lo que siempre tengo que ir a Carabineros para hacer la solicitud. Además, estos duran solo dos horas, y cuando uno necesita realmente uno por más tiempo, anda nerviosa”, narra Angélica.

Sin embargo, más de una vez ha tenido una mala experiencia respecto al limitado tiempo de los permisos.

“A mí me pasó en un supermercado, antes había ido al banco a realizar unos trámites, ahí uno nunca se va a demorar menos de dos horas, por las largas filas. Cuando llegué al supermercado, me había sobrepasado en el tiempo, por lo que el guardia me llamó la atención, señalándome que ese permiso ya estaba vencido. Pese a que yo le expliqué lo que había sucedido, él me dijo que solo por ese día me dejaría pasar”, relata.

“Para una que está vieja y un poco sentimental, eso da pena. El hecho que otra persona sin conocer lo que sucede, me rete”, expresa entre sollozos.

En cuanto a Luis y Samuel, ambos indican que salen muy poco, y cuando deben realizar algún trámite o compra que requiera que asistan presencialmente, tienen que caminar hasta la comisaría de su ciudad o pedirle a algún cercano que le solicite el permiso a través de la página web disponible. En otros casos, salen a “escondidas”, ya que, se demorarían más en caminar hasta un establecimiento policial cercano que ir a comprar a la esquina de su casa.

“El gran problema que existe es que el plazo es muy corto. Imagínese, voy a realizar un trámite a Curicó, y en la micro, solo de ida, ya ocupo más de media hora. Sumándole a eso, las inmensas filas que existen en todos los lugares. Debido a eso uno no alcanza y a la vuelta le ponen problemas”, enfatiza Luis.

Soledad y salud mental

El confinamiento ha traído consigo la falta de autonomía y el deterioro en el estado físico, que constituyen dos de las principales preocupaciones de la población sobre 70 años, según la Encuesta Salud Mental de Personas Mayores durante la Pandemia, realizada por el Observatorio del Envejecimiento para un Chile con Futuro.

A partir de una encuesta online efectuada a 767 personas de la tercera edad, se extrajo que la falta de autonomía representa el principal temor para los mayores de 70 años, seguido del deterioro de su estado físico (73%).

A la inversa, para los menores de 70 años, la falta de autonomía no constituye una mayor preocupación, arrojando sólo un 15% de las preferencias. Sin embargo, el trabajo aparece como la principal inquietud (59%), seguido de la evolución de la pandemia (57%) y la soledad (57%).

En cuanto a esto último, los entrevistados señalan que se han sentido solos y aislados durante la pandemia, debido al distanciamiento social producto de las medidas para controlar el virus.

El abandono estatal

“Creo que existe un abandono de parte del Gobierno hacia los adultos mayores, me gustaría que este creara una normativa para que no se les exigieran tantos permisos a las personas de más edad. La mayoría no contamos con la tecnología necesaria, ni la sabemos ocupar”, declara la Keka.

En cuanto a su situación económica, los entrevistados coincidieron en que no han percibido bonos estatales ni ayudas que contribuyan a sobrellevar la crisis sanitaria y social por la que está pasando Chile y el mundo.

Otro punto importante en la desprotección que han manifestado por parte del Estado, reside especialmente en las pensiones, el bajo monto que perciben los adultos no es suficiente para costear los gastos básicos de supervivencia de las personas, ni menos para poder optar a una mejor calidad de vida en sus últimos años.

“La pensión es demasiada baja. Con la jubilación nadie vive, gracias a Dios yo tengo casa propia, pero ¿qué pasa con las personas que tienen que pagar arriendo? ¿Dónde viven? ¿Qué comen?”, cuestiona Luis.

En la misma línea, Samuel, crítica el deficiente monto del retiro. “Las pensiones son muy bajas. Más de cuarenta años de imposiciones y el monto de la jubilación no alcanza para nada, por eso yo he tenido que seguir trabajando. Sin embargo, por la pandemia ya no puedo”.

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